Poder, prestigio, popularidad. Todo lo tuvo el hombre que en su día se autoproclamó el Rey de los Piratas, Gold Roger. Mas sus últimas palabras no fueron muy afortunadas:
«¿Mi iPhone? Lo dejé cargando allí, buscadlo si queréis. Ojalá se le atragante al don nadie que lo encuentre» twitter.com/Blerfington/st…